domingo, 14 de agosto de 2011

Luisa Hurtado~~~~~Juanlu



Aquí os traigo un micro de Luisa Hurtado ilustrado por Juanlu.
No es un micro cualquiera, es uno de los micros ecológicos de una fantástica iniciativa a la que se está apuntando mucha gente.
Por si no les conocéis os diré que Luisa es una de las personas más animosas y agradables que me he encontrado. Y Juanlu, aparte de compartir esas cualidades a las que me he referido antes, sabe capturar la esencia de lo importante en sus dibujos. No  perdáis la ocasión de visitarlos. Vale la pena. 
Y si decidís participar con vuestro micro ecológico, podéis mandarlo al correo indicado al final de esta entrada.
Guerra química
-Creo que no estamos solas-dijo ella.
Y con la siguiente respiración, su vuelo comenzó a ser errático hasta que cayeron inmóviles con las patas hacia arriba.  
Ilustración hecha por Juanlu/Luiyi  (http://www.dididibujos.blogspot.com/)
Envía tu micro ecológico a Luisa Hurtado (http://microrrelatosalpormayor.blogspot.com/)



sábado, 6 de agosto de 2011

Ana Vidal~~La cura

Hoy os traigo un montón de sorpresas, que quizá para algunos no lo sean tanto pero sean un descubrimiento para otros.
Para quien se haya despistado; os traigo un microrrelato de Anita Dinamita.
Pero, atención!!!!
No es un microrrelato cualquiera. 
Es el primer microrrelato ecologista de una iniciativa compartida entre Anita, Luisa Hurtado y mucha más gente, que se ha sumado con ilusión a la tarea de recolectar microrrelatos relacionados con la importancia de cuidar el planeta y todas las cosas que merece la pena conservar.
Aquí lo tenéis. Como anticipación de la calidad que podéis encontrar en lo que escribe.
Y por si os animáis a participar os dejo aquí el lugar al que tenéis que enviar el vuestro: microsalpormayor@gmail.com



La cura

            
        Se sentía cansado, llevaba mucho tiempo buscando médicos, medicinas, y soluciones para la enfermedad de su nieta, pero no había dado con nada. Como todas las enfermedades "raras" no había dinero suficiente para investigación, él sabía lo que era eso, decidir donde iban a parar los fondos públicos, elegir entre lo urgente y lo necesario, y lo que querían quienes mandaban de verdad. Pero no se sentía culpable por ello, su trabajo había sido en Medio Ambiente y no en Sanidad.
            Cuando todo estaba perdido, y la pobre criatura se debatía entre el aquí y el allá, sonó el teléfono. Era un científico, un viejo conocido, le habló de una posible cura, de las investigaciones llevadas a cabo en su laboratorio, de los progresos conseguidos. Su sonrisa se dibujó por unos momentos hasta que el viejo investigador le dijo que la medicina se hubiera podido fabricar, pero que la especie necesaria para ello se había extinguido hacía unos años.
            Conocía bien al bicho palo palmero, quebradero de cabeza durante muchos años, respiró tranquilo cuando le dijeron, hacía años, que por fin se había extinguido y ya podían construir aquél campo de golf donde habitaba.

Microrrelato escrito por Ana Vidal (http://relatosdeandarporcasa.blogspot.com)
Ilustración hecha por Juanlu/Luiyi (http://www.dididibujos.blogspot.com/)



martes, 19 de julio de 2011

Creer es crear~~Pedro Alonso Da Silva


Uno de los sitios en los que descubro el tipo de cosas que me gusta saber. Gestionado por una persona extraordinaria; el tipo de persona que te enriquece la vida solo explicando o compartiendo lo que le llega.
Altamente recomendable.

http://microcuentosyotrashistorias.blogspot.com






De niño, alguien le dijo que lo que uno cree se convierte automáticamente en su realidad. Se pasó meses enteros tratando de materializar todo tipo de fenómenos asombrosos. Pero claro, tan asombrosos le parecían que le costaba creer en ellos y en consecuencia, nunca se manifestaban. Ahora es un adulto de arraigadas creencias. Cada vez que un elefante rosa cruza por encima de su cabeza en vuelo rasante, recuerda con nostalgia aquellos años en los que trataba de materializar –qué ingenuo–, golondrinas surcando el cielo.

lunes, 11 de julio de 2011

Vidas cruzadas~~Manuel R.

Lo que podréis leer a continuación es una prueba irrefutable de que a veces vale la pena cruzarse con alguien que tenga algo que decir. Sobretodo si sabe cómo decirlo.
Nunca unos puntos suspensivos expresaron tanto.
Si os gusta refrescaros de vez en cuando...


http://nochesdlluvia.blogspot.com




Cierro la puerta y me guardo la llave en el bolsillo. Cae una llovizna refrescante y agradable durante cinco minutos y traidora e incómoda si dura mucho más...Que ya te llamaré sí, a qué hora?...ya... ... bueno...sí, ya lo sé...bueno ya te contaré...venga... hasta luego.Y ella cuelga y yo que paso por su lado la veo guardar el teléfono móvil en el bolso mientras camina hasta la estación.
Me costó 120 euros.Ah pues esta bien.Me caben un montón de cedés. Y es bonito. Sí. A ver si cuando cobre me... Sigo caminando por el andén, se acerca el tren y ya no oigo otra cosa que el chirrido de las ruedas en las vías. Las puertas se abren y entro. 
Tren con destino aeropuerto, próxima estación... Continúa la música clásica en los altavoces invisibles.
Te haces un seguro y no es como los bancos, que lo saben todo de tí, quien eres, lo que ganas, lo que debes...y después les dices que te has arrepentido y que te devuelvan el dinero y te advierten de que pierdes dinero y les dices que te da igual y el dinero que te devuelven esta limpio, hecha la ley hecha la trampa porque os juro que...
Veo un asiento libre junto a la ventanilla. Me siento.
La bolsa o la vida! y el otro dice: coño! usted también es médico? jajajajaja...jajajajajaja...ese es bueno eh? Que cabrón. Yo antes me sabía muchos pero ahora ya no me cuentan,me mandan imeils...A mí me contaron uno muy bueno pero no me acuerdo...
Veo pasar las montañas por la ventanilla. Una niebla baja se escabulle entre los árboles. Busco en mi bolsillo y desenredo los cables. Suena en mis oidos. Extraño como un pato en el manzanares, torpe como un suicida sin vocación,absurdo como un belga por soleares, vacío como una isla sin robinson,oscuro como un tunel sin tren expreso...
Camino hacia la salida. Tendrás mucha prisa!! y yo que hago ahora eh? joder!! Un guardia jurado fuera de servicio con las rayas delatoras en las costuras del pantalón, bajo su chaqueta, vocifera. Un hombre de piel oscura mira hacia atrás. Es a él, que se dejó abierto el torno de la salida y el otro, que venía detrás, no podía pasar sin darle media vuelta. Lo alcanza en la escalera y lo mira torvamente. El inmigrante baja la cabeza, callado, mientras camina. Yo miro al de la voz en grito que me mira también y le susurro Don't worry be happy. 
Ya no llueve. Ya es de noche.
Alguien se esta forrando, yo no sé quien es, pero una bolsa de piñones valía quinientas pelas y ahora envían un contenedor y sale la bolsita a cincuenta céntimos... Yo trabajaba en pronovias y todo lo que eran encajes y las perlitas esas que van engarzadas lo hacían allí y les costaba cuatro duros y luego los vestidos de ochenta mil pelas no bajaban...Pues espérate que ahora dicen que van a vender coches a tres mil euros y la gente los comprará no importa que vengan de China...mira los coreanos, como poco a poco se fueron metiendo en... Pasa el autobús y un anciano le hace gestos de que pare pero el conductor no le mira. Lo perdimos... Vamos a la parada.... podía haberse parao el cacho cabrón...
Oye que estoy en el trabajo aún, que llegaré tarde, que no me esperes... sí...sí... qué?... que ya lo sé...sí...bueno, pues ya te diré algo...vale...oye que ya te llamaré que estoy liado o bueno, sí es igual. vale, hasta luego... Qué? ya?... Sí, ya te dije que no hay problema. Bueno y adonde vamos?...Se detienen y él, haciéndose el pensativo, apoya una mano en el lugar donde su espalda pierde ese nombre. Como por casualidad.
Al fín llego. A qué hora cerrais?... A las once y media. Miro el reloj. Ponme una conexión libre... Un ordenador libre?... Sí... Ponte en el dieciseis.

jueves, 7 de julio de 2011

Lo prometiste~~Ana Melero / El almacén~~Rosa M.

Este microrrelato no es lo que parece. Es un bocado más de un relato que podréis leer en su totalidad aquí: 
http://vanalaire.blogspot.com/2011/07/lo-prometiste-ana-melero.html
Es la primera vez que leo algo de Ana Melero y este párrafo me llamó especialmente la atención:


Lo prometiste


La bomba va a estallar, y cuando lo haga nada podrá salvarse. Su onda expansiva llegará a todos mis rincones, y  de nada habrá servido la terca ceguera de este cuerpo. Sí, ceguera; porque mi cerebro mandó mensajes de socorro que no obtuvieron respuesta. Cómo si no entender esa falta de sueño, el apetito compulsivo, o los silencios eternos…,  y esa especie de letargo de los sentimientos. Pero no hubo respuesta de mi parte física. Tampoco mi entorno fue consciente de los cambios, y si lo fue no les dio importancia. Importancia, esa es la clave. ¿Qué es importante? ¿Por qué  no me importo?  


Y si os quedáis con ganas de más misterio, en el mismo lugar podréis encontrar cosas como esta, de Rosa M. Una caja de tesoros. Entra y encuentra el tuyo.
http://vanalaire.blogspot.com


El almacén




Era tarde, llovía y tenía que hacer tiempo. Como siempre había llegado a la cita mucho antes.


No aguanto la impuntualidad, eso me lleva a tener que esperar siempre. Esperar a los que son puntuales y esperar  más, a los que siempre llegan tarde.
Caminé por la acera refugiada debajo del pequeño paraguas de bolsillo que siempre me acompaña. Decía mi madre “mejor prevenir…”.
Busqué un bar para tomar un café, pero como ocurre siempre con las cosa que buscas, no aparecen. Ninguno a la vista.
Cabreada, helada y mojada, reparé en un almacén. Eran dos traseras abiertas de par en par con una iluminación mortecina. Busqué con la mirada algún cartel que me informase sobre la clase  de negocio que allí se desarrollaba. Nada, ni un indicio.
Ésto alborotó mi curiosidad, siempre he sido muy curiosa, y mi cabeza, en ebullición, comenzó a especular, sería esto, aquello, lo de más allá.
Paseé por delante del portón, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha y vuelta a empezar.
Cuando de repente al darme la vuelta, me asustó, una mujer de amable sonrisa y mirada inteligente, detrás de sus gafas, me habló. Pase usted si quiere, a si se refugia del mal tiempo.
No se preocupe la contesté, no quiero molestar.
Ella volvió a sonreír  e insistió. Pase de verdad.
Con pasos vacilantes acepté su invitación sin saber que me iba a encontrar,  pero con la curiosidad a flor de piel.
Eche un vistazo y si necesita algo estoy en este pequeño despacho. Me dijo mientras desapareció por una puerta medio oculta por unas cajas viejas
Me adentré en la semipenumbra. Poco a poco se fueron mis ojos acostumbrando a la luz o mejor dicho a la falta de ella.
No tenía un espejo para mirarme pero mi cara debía de ser de un asombro absoluto.
Aquello tenía luz propia, os puedo asegurar que hasta sin luz hubiese brillado.
Eran piezas maravillosas llenas de colorido y cada una contaba una historia diferente. Pasee entre ellas empapándome de su belleza y armonía. Me emocioné, me moje  de lágrimas.
El tiempo se detuvo y no puedo decir  que pasó…
Me dirigí a la puerta con esfuerzo, volviendo la cabeza atrás a cada momento para recordar todos los detalles posibles.
Llamé a la amable señora para darle las gracias y preguntarle por aquellas maravillas, pero nadie respondió.
Mire el reloj y salí corriendo, por una vez la impuntual iba a ser yo,
Al día siguiente volví a la calle del almacén dispuesta a enterarme de todo lo referente a lo que vi y que tanto me maravillo, pero estaba cerrado. Mire en derredor por si alguien podía decirme los horarios de apertura del almacén, pero no había nadie  por la calle.
Entonces me fije en un pequeño cartel, me acerque para leerlo mejor, mis ojos no son lo que eran, la sorpresa me dejo helada.
El cartel rezaba a si” CERRADO POR DEFUNCIÓN”
Casualidades de la vida, mientras yo disfrutaba del trabajo y el talento de esta mujer, ella dejaba esta vida en el silencio y la soledad de su pequeña oficina.




viernes, 1 de julio de 2011

Los colores del tiempo~~Ángeles Sánchez

El mundo cabe en un grano de arena y cada grano de arena contiene quién sabe cuantos. La prueba de que esto es cierto la podéis confirmar aquí. http://mundoenungranodearena.blogspot.com/
Seguramante ya conocéis a Ángeles Sánchez pero aún así estoy segura de que será tan placentero releer esto como descubrirlo.


Además de enhebrar palabras sabe pintar el tiempo.





Se reconocieron el otoño del noventa y ocho. Pero cada uno vivía en años diferentes. El, tres años más allá. Ella, cinco más acá.
Cuando sus manos se rozaron como el fugitivo baile de las hojas de un roble entristecido, con calma y ternura, se declararon un extraño amor.
Él la llenó de atardeceres con palabras de un futuro casi sin presente, y ella le compuso poemas huérfanos y cojos. Tal era su miedo que se fue sin decir adiós.
Pasaron tres inviernos, cinco veranos y siete primaveras sin saber el uno del otro.
Pero la mente es un lugar donde el tiempo trascurre de otra manera, dejando el poso de los recuerdos en la taza del olvido. Y allí, sin saberlo, cada uno vivía esa historia compartida.
Con el tiempo, ella llegó a oler el perfume de las palabras y le escribió una breve carta. Regresó sediento hasta su lado, implorando luchar por un amor desacompasado. Ella accedió desde un corazón lleno de rejas, que él deshizo base de paciencia.
Y se puede decir que durante este tiempo se amaron exiliados por un tiempo que jamás llegó, en una vida en malva.
Con los años, las palabras se fueron deshaciendo en lágrimas, y él cerró el libro donde habitaban como dos seres de otro tiempo en busca de una isla donde vivir su naufragio.
Pero el tiempo es un río donde los colores mudan en cada estación, y él, decidió esperarla en secreto. Subido al campanario tratando de detener las campanas que tocaban cada hora, pasó dos años con sus días, sin sus noches.
Una tarde de otoño, creyó verla entre el tumulto de la plaza, caminando mientras miraba las nubes. Dicen los que transitaban por la plaza, que las campanas crepitaron incansables durante dos días, y que el tiempo, expedito, discurría bajos sus pies en un río de tonos rosados. Todo porque una mujer vestida de blanco había subido al campanario, y descalza, había besado la estatua del tiempo.


lunes, 9 de mayo de 2011

El heredero~~David Moisés Antón García

Aquí tenéis una historia de alguien que, además de considerar un amigo, también creo que es bueno escribiendo. Disfrutadla. Y si cuando acabáis de leerla os quedáis con ganas de más aquí tenéis el enlace a uno de sus blogs.  http://microsensatos.blogspot.com/

Esta es mi historia: la de un viejo de casi 80 años que ve ya el final de su existencia muy, muy cercano y escribe en su diario las últimas frases para dejar su legado a aquel que lo encuentre.
Nunca le confesé mi secreto a nadie por miedo a que me tacharan por loco o por temor a que desapareciera la magia del milagro en el que me vi envuelto y he llevado esta pesada carga durante casi medio siglo. Tiempo es, por tanto, de que alivie mi conciencia y desahogue mi alma. Tendría yo 10 años cuando recibí el mejor regalo que nadie pudo darme nunca…
Mi padre murió en la guerra y mi madre y mis hermanos mayores tuvieron que trabajar muy duro para sacar al resto de la familia adelante. Éramos 5 hermanos. Yo, el tercero. Demasiadas bocas que alimentar en una época realmente aciaga que, sin embargo, recuerdo con gran cariño; será porque la nostalgia amplifica y mitifica los recuerdos, sobre todo los buenos. Puede ser.
Aquel año fue especialmente duro en nuestro hogar, pues mi hermano mayor cayó enfermo de neumonía y apenas pudo trabajar; escaseaban los recursos y el hambre llamaba a la puerta. Yo, que de niño era rebelde y revoltoso, me quejaba bastante de nuestra suerte, y más aún lo hice cuando mi madre me obligó a compartir habitación con los gemelos para poder poner en alquiler la habitación que ocupaba. Un día de otoño llegó a casa un huraño viajante enfundado en una vieja gabardina gris y cargando un enorme maletón de cuero negro. El día era lluvioso y aquel hombre no llevaba paraguas. Resultaba cómico verle chorrear agua bajo el quicio de la puerta.
-¡Niño! ¿Está tu madre o qué?
-¿Quién es, Félix? –Preguntó mi madre desde la cocina.
-Un señor que pregunta por mi habitación –refunfuñé.
Mi madre llegó solícita hasta la entrada e hizo pasar al extraño mientras secaba sus manos con un trapo de cocina.
-Félix, ayuda al señor con la maleta. Pase usted. Deje que el chico le coja la gabardina –mi madre me dio un indisimulado tirón orejas.
-Gracias, no se moleste.
-No es molestia. Siéntese en la sala al calor de la estufa antes de que coja una pulmonía –le sugirió mi madre regalándole una sonrisa.
Aquel extraño individuo me entregó su empapado gabán y me acompañó hasta la sala. Una vez allí se sentó cerca del brasero y su pálida tez empezó a recuperar algo de color.

Lo recuerdo como un tipo verdaderamente alto pues, aunque andaba algo encorvado, su cabeza rozaba al pasar bajo las puertas. Y también muy delgado, pero no siempre debió ser así. O era eso, o la ropa la había heredado de algún pariente más fornido, como me sucedía a mí con los jerséis y pantalones de mis hermanos mayores. Tenía los ojos negros y hundidos y más arrugas que un vestido de lino al sacarlo de una maleta. Casi nunca te miraba directamente a no ser que se enfadara contigo, cosa que rara vez ocurría a pesar de su carácter solitario y poco sociable. Hablaba poco, sí, pues como ya he comentado era algo hosco y huidizo, pero también amigo del buen beber, y con él, su lengua se desataba. Cuando mi madre salía alguna tarde a limpiar la casa de algún señoritingo, los gemelos y yo abríamos en secreto el armarito de las bebidas y le servíamos alguna copa de licor de ese que se echaba a los guisos los días de fiesta. Entonces, de su cadavérica cara, surgían sendos rosetones sonrojados que daban vida a sus flácidos y deslucidos mofletes y reconocíamos el momento de sentarnos a escuchar cualquier anécdota que surgiera de su ebria boca.
Normalmente nos reíamos bastante a su costa, pues sus historias solían ser grotescas y cómicas, pero una vez... La Navidad se acercaba y con ello, el semblante serio y recatado de nuestro huésped se hacía sentir todavía más. Aquella tarde le dimos ración doble de bebida y, en lugar de obtener una historia hilarante, nos encontramos con lo que a continuación relataré:
-¡Échame más, niño!
Miré a mis hermanos y los tres reímos con sorna mientras vaciaba la botella en la copa.
-Ya no hay más –le dije-, te lo has bebido todo.
El viajante miró el vaso con fastidio e ingirió su contenido de un trago.
-¡Odio las Navidades! –Sentenció; como si el alcohol le hubiera permitido llegar a tal conclusión.
-Pues a mí me gustan.
-¡Y a mí! –Convinieron los gemelos al unísono.
-¿Y qué es lo que te gusta de ellas? –Preguntó con retintín mientras acercaba su cara a escasos centímetros de la mía.
-Pues…, los regalos, las luces de las calles…
-¡Y que mamá nos da chocolate todos los días! –Añadió mi hermano Luis.
-A mi hijo también le gustaban los regalos.
El viajante inclinó su cabeza hacia atrás y comenzó a sacudir el vaso enérgicamente encima de su boca tratando de capturar sin éxito las escasas gotas que permanecían en el interior de la copa.
-¿Cómo se llama? –Pregunté yo.
-¿Quién? –Respondió rehuyendo el tema.
-Tu hijo…
-¿Cuántos años tiene? –Solicitó mi hermano Raúl.
Sus ojos miraron hacia arriba como si escarbaran en algún recóndito lugar de su memoria.
-Es un poco mayor que vosotros, doce o trece años. Se llama Ernesto, como yo.
-¿Y dónde vive? ¿No vas a ir a verle en Navidades? –Pregunté extrañado.
El viajante me miró con ojos vidriosos y calló durante un par de minutos. Después secó las lágrimas de su rostro con sus huesudas manos y se marchó a su habitación sin decir una palabra más.
Aquella semana Ernesto estuvo especialmente cariñoso con nosotros y le pidió permiso a mi madre para llevarnos a ver los adornos de la plaza y a comprar dulces y chucherías. Al menos, durante esos días, dejo de ser el huraño individuo al que estábamos acostumbrados. Con el tiempo mi madre me contó que el hijo de Ernesto estaba en Rusia, que lo había mandado allí su madre durante la guerra y que no podía volver y por eso el viajante estaba tan triste. La historia me apenó tanto que decidí perdonar que me hubiera quitado la habitación y, desde entonces, comencé a fraguar una gran amistad con él.
El día que regresaba de cada uno de sus viajes mis hermanos y yo matábamos la espera jugando a las tabas o a la rayuela en la plaza; hasta que divisábamos la sombra de su figura aparecer al final de la calle y, entonces, salíamos a su encuentro para descubrir qué nos había traído: un avión de madera, algún balón hecho de trapos, canicas… Siempre caía algo.
Supongo que nosotros fuimos los sustitutos perfectos para ese hijo que tanto ansiaba reencontrar y, para nosotros, él representaba de alguna forma la figura paterna que no conocimos. De hecho, a veces incluso actuaba como tal, como cuando intercedía por nosotros ante nuestra madre o cuando le acompañaba a la escuela por requerir desde allí su presencia. No éramos malos críos…, traviesos a lo sumo; especialmente yo. Recuerdo aquella vez que llamaron a mi madre porque alguien había soltado una picaraza en clase. Al maestro le juramos que había entrado por la ventana, pero olvidamos abrirla para reforzar nuestra coartada. Otra vez, Don Obdulio montó en cólera por la guerra que estábamos dando y nos espetó enérgicamente: «… ¡La última banca: a la calle!». En aquella ocasión, la ventana sí estaba abierta. Aún recuerdo el sonido que hizo el mueble al estrellarse contra el suelo del patio… En fin, diabluras de críos.
Las cosas empezaron a ir bien en casa tras la llegada de Ernesto. Mi hermano curó su neumonía y mi madre consiguió un trabajo en casa de unos señores, pero, a pesar de nuestra mejoría económica, Ernesto siguió con nosotros. Nunca le pudimos agradecer lo suficiente la suerte que nos trajo. …Y no ya sólo a nosotros, sino también a la gente del barrio, pues tras su llegada comenzaron a suceder agradables sucesos que mejoraron también la vida de nuestros convecinos.
Años más tarde, en su lecho de muerte, Ernesto me confió este diario en el que ahora os relato mi historia, nuestra historia, ¿tu historia? Descubrí en él cómo había conseguido encontrar un médico que curara a mi hermano, como escondía dinero en el monedero de mi madre cuando no llegaba a fin de mes, quién recomendó a aquellos señoritingos que la contrataran… Todos aquellos pequeños “milagros” estaban allí anotados: favores, ayudas, socorros, auxilios, amparos… ¡Todo! Jamás dijo nada a nadie, simplemente lo anotó aquí para saborear de nuevo, con su lectura, la inmensa felicidad que le proporcionaba prestar ayuda a los demás.
Nunca podré agradecer lo suficiente, a aquel extraño hombre, la magia que hizo despertar en mí. Pues, sin duda, la brujería del diario no reside en su interior sino en el de cada uno de nosotros. Yo continué su obra cuando nos dejó. Él me guió en su ejemplo.
Somos dueños de un regalo divino que debemos forjar con el paso de los años. Nuestro tiempo, nuestra vida, debe ser vivida con sentido. Yo encontré el mío y cuento mi experiencia con el ánimo de influir en aquel que lea estas últimas palabras. Amigo mío, te nombro mi heredero. Quedan muchas hojas que escribir y muchos deseos que hacer cumplir. Te desafío a consumar la última voluntad de este viejo. Es sencillo si conoces el secreto del diario. El viajante me lo reveló el día que me nombrara su sucesor: «El mayor ejercicio de egoísmo que se puede llevar a cabo es prestar nuestra ayuda a los demás, pues no existe mayor gozo personal que sentirse satisfecho con lo que uno hace».
Es momento de que otro ocupe mi puesto. Tal vez tú, lector de este diario olvidado, puedas tomar mi relevo. ¿Quieres?
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